La ruta más célebre del Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas — el espacio protegido más extenso de España con sus 214.336 hectáreas y Reserva de la Biosfera UNESCO desde 1983. Siguiendo el curso del río Borosa a lo largo de ~12 km en una sola dirección, el sendero encadena tres gargantas espectaculares (Puente Toba, Puente Piedra y Cerrada de Elías), pozas naturales, dos cascadas, pasarelas de madera sobre paredes verticales y un tramo final perforado a través de la roca viva para alcanzar la Laguna de Aguas Negras a 1.400 metros de altitud. Son ~24 km de ida y vuelta y unos 750 metros de desnivel acumulado: una jornada larga pero con uno de los finales más reconocibles del senderismo andaluz.
El río Borosa nace en los manantiales de la Laguna de Aguas Negras y recorre un valle que los geólogos consideran un ejemplo canónico de erosión kárstica en caliza jurásica. La ruta transita por él de forma casi ininterrumpida, cruzando el cauce varias veces mediante pasarelas de madera y pudiendo seguir el sonido del agua durante toda la jornada. El tramo más espectacular empieza en la Cerrada de Elías, donde el río se abre paso entre paredes verticales de apenas unos metros de anchura: las rocas mojadas están pobladas de Pinguicula vallisnerifolia, la grasilla de Cazorla, planta carnívora endémica cuya única población mundial de entidad se localiza precisamente en estas paredes. El visitante que llega sin conocer su existencia suele confundir las pequeñas rosetas de color verde-púrpura con musgo, hasta que alguien le señala que esas hojas pegajosas están digiriendo insectos.
Más arriba, el sendero abandona el fondo del barranco y gana altura hacia los Salto de los Órganos —un salto de agua de consideración aprovechado históricamente por una pequeña central hidroeléctrica— y continúa ascendiendo hasta la cota de 1.493 metros donde dos túneles excavados en la roca franquean el paso hacia el circo glaciar superior. Al salir del segundo túnel, el contraste es notable: el bosque de pino se abre de golpe sobre el embalse de la FEDA y, pocos minutos después, sobre la propia Laguna de Aguas Negras, cuya superficie oscura y quieta refleja las crestas del entorno. El silencio allí arriba, si se ha llegado en temporada no saturada, resulta casi irreal.
Tres claves prácticas que determinan si la jornada sale bien o se complica: primera, la ruta exige un inicio temprano. Con 24 km y 750 metros de desnivel, arrancar a las 9 de la mañana en pleno verano garantiza llegar a la laguna con sol de mediodía y bajar de vuelta con el calor encima en la parte más expuesta. Lo ideal es salir antes de las 8 h. Segunda, el sendero no tiene agua potable garantizada entre la piscifactoría y la laguna más allá del propio río —llevar al menos dos litros por persona y cargar más si hay posibilidad de hacerlo. Tercera, la Cerrada de Elías puede acumular mucha gente en primavera y semanas de Semana Santa: madrugar no es solo cuestión de calor, sino de disfrutar el tramo más fotográfico en condiciones de cierta tranquilidad.