Qué es exactamente una sima
En el lenguaje de la geomorfología, una sima es una cavidad natural que se abre al exterior mediante un pozo o conducto de desarrollo predominantemente vertical, casi siempre excavado en roca caliza. El agua de lluvia, ligeramente ácida por el dióxido de carbono que disuelve al atravesar el suelo, ataca la roca calcárea a lo largo de las fracturas y diaclasas, ensanchándolas poco a poco hasta abrir un conducto que desciende hacia el interior del macizo. Con el tiempo, ese conducto puede combinarse con el derrumbe parcial del techo de cavidades subterráneas, de modo que la sima acaba conectando la superficie con el sistema de galerías profundas. Por eso los espeleólogos describen las simas como las puertas verticales del karst: por ellas el agua de superficie se filtra y percola hacia los niveles inferiores del acuífero.
El término forma parte del vocabulario clásico del modelado kárstico, que estudian organismos como el Instituto Geológico y Minero de España. La caliza es soluble en agua a una escala de tiempo geológica, y allí donde abunda —Picos de Europa, Sierra de las Nieves, las sierras subbéticas, el prepirineo— se forman estas cavidades. Una sima madura puede alcanzar cientos o miles de metros de profundidad encadenando pozos verticales, repisas y estrechamientos.
Sima frente a dolina, cueva y torca
Los cuatro términos pertenecen al mismo paisaje calcáreo, pero describen formas distintas y conviene no confundirlos:
- Sima: conducto o pozo de desarrollo vertical que penetra en el macizo. Lo definitorio es la verticalidad y que comunica el exterior con el interior profundo.
- Cueva (o caverna): cavidad de desarrollo predominantemente horizontal, con galerías que se prolongan a lo largo del terreno más que en profundidad. Es el opuesto morfológico de la sima.
- Dolina: depresión cerrada de la superficie, redondeada y de paredes inclinadas, originada por disolución o por el colapso del techo de una cavidad. Es una forma superficial, no un pozo penetrante. Cuando varias dolinas se unen forman una uvala.
- Torca: nombre que reciben en buena parte de la cornisa cantábrica las simas y dolinas de paredes muy abruptas y escarpadas. Por eso la cavidad más profunda de España se llama Torca del Cerro del Cuevón: torca es, en la práctica, el sinónimo local de sima en Asturias y Cantabria.
Una manera sencilla de recordarlo: la dolina es la huella en la superficie, la sima es el descenso vertical hacia el interior y la cueva es el recorrido horizontal una vez dentro. Muchas veces las tres formas coexisten en el mismo sistema: una dolina recoge el agua, una sima la conduce hacia abajo y una red de cuevas la distribuye en horizontal hasta volver a salir por una surgencia.
Simas emblemáticas de España
España alberga algunas de las simas más profundas y técnicas del mundo. La Torca del Cerro del Cuevón, en el macizo central de los Picos de Europa (concejo de Cabrales, Asturias), es la cavidad más profunda del país, con un desnivel del orden de 1.589 metros; los espeleólogos la comparan con un ochomil por su dificultad, ya que carece de entradas intermedias. En Andalucía destaca el sistema Sima GESM-Sima de la Luz, en el término de Tolox, dentro del Parque Nacional Sierra de las Nieves, que ronda los 1.101 metros de profundidad y fue el primer abismo español en superar los mil metros.
No todas las simas célebres son tan profundas. La Sima de la Higuera, en Pliego (Murcia), está declarada Monumento Natural por la Región de Murcia y, con 156 metros de profundidad y unos 5.500 metros de desarrollo explorado, es la mayor cavidad de esa comunidad. Y la más famosa por motivos científicos es la Sima de los Huesos, un pozo de apenas trece metros en la sierra de Atapuerca (Burgos): de su fondo se han recuperado fósiles de al menos 29 individuos del Pleistoceno medio, un yacimiento incluido en el conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Documenta su importancia la Fundación Atapuerca.
Por qué una sima es un peligro mortal para el senderista
Aquí está la parte que importa a quien camina por terreno calcáreo. Una sima no siempre se anuncia: su boca puede estar disimulada entre la vegetación, oculta por matorral, tapada por una capa de nieve invernal o situada justo al borde de un sendero poco marcado. Una caída por la boca de una sima es casi siempre mortal, porque al primer pozo vertical le suelen seguir más resaltes y porque el rescate en el interior es extraordinariamente complejo y lento. No es un riesgo teórico: la espeleología de rescate cuenta con operaciones que duran días.
Por eso conviene seguir unas pautas de prudencia honestas y sin alarmismo:
- No salirse del sendero balizado en zonas de karst, especialmente con niebla o de noche, cuando la boca de una sima resulta invisible hasta que ya es tarde.
- Desconfiar de la nieve fina y reciente sobre terreno calcáreo: puede formar un puente frágil que oculta un pozo y cede al pisarlo.
- No asomarse al borde de una boca abierta. La roca caliza meteorizada se rompe con facilidad y el labio de la sima puede estar descalzado.
- No descender jamás a una sima sin formación, material de progresión vertical y compañía cualificada. La espeleología es una disciplina técnica con su propia federación; la Federación Española de Espeleología regula cursos y prácticas.
Señalización y respeto al medio
En algunos espacios protegidos las bocas de las simas se señalizan o se protegen físicamente para evitar accidentes y proteger el patrimonio geológico y biológico que albergan, ya que muchas cavidades son refugio de murciélagos y de fauna cavernícola sensible. Cuando un cartel advierte de la presencia de una sima o cierra el acceso a una cavidad, la indicación responde a un motivo real de seguridad o de conservación y debe respetarse. Las simas son, además, ventanas a acuíferos profundos: arrojar basura por su boca contamina aguas subterráneas que pueden abastecer manantiales y poblaciones aguas abajo.
Resumen para el caminante
La sima es la expresión vertical del paisaje kárstico: un pozo abierto en la caliza por la disolución y el colapso, distinto de la cueva horizontal y de la dolina superficial. Conocerla no es solo cultura geológica, sino una cuestión de seguridad. En terreno calcáreo, ese hueco que se abre junto al sendero merece todo el respeto, porque debajo puede haber cientos de metros de vacío.