Los Siete Picos son el cordal granítico más reconocible de la Sierra de Guadarrama: siete riscos —tors de granito que sobresalen veinte o treinta metros sobre la loma— alineados en la divisoria entre Madrid y Segovia, dentro del Parque Nacional. Esta ruta circular de unos 10,8 kilómetros parte del Puerto de Navacerrada (1.860 m), sube al cordal hasta su punto más alto —el pico oriental, con el vértice geodésico a 2.138 metros—, recorre la cresta hacia el oeste salvando los riscos con alguna trepada fácil, y regresa por el Camino Schmid, el sendero histórico que un montañero austriaco balizó en 1926 por la umbría de pino silvestre. Es una de las grandes clásicas del montañismo madrileño, exigente por distancia y desnivel pero sin dificultad técnica seria en verano.
El Camino Schmid tiene nombre propio y una pequeña historia. Lo trazó Eduard Schmid, un austriaco afincado en Madrid, socio número 13 de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara, que en 1926 señalizó con marcas amarillas el sendero que une el Puerto de Navacerrada con el valle de la Fuenfría (Cercedilla) por la cara norte de los Siete Picos. Fue uno de los primeros senderos balizados del montañismo español, contemporáneo de la edad de oro de Peñalara y de la construcción de los primeros refugios de la sierra. Hoy figura como PR-M/SG-5 y su umbría de pino silvestre es el contrapunto sombrío y forestal a la cresta soleada de las cumbres.
El cordal en sí es pura geología del Guadarrama. Los siete riscos son berrocales graníticos labrados por la meteorización, y la línea de cumbres dibuja una «C» abierta al sur sobre la cabecera del valle de Siete Picos. La cota máxima está en el pico oriental (el más cercano a Navacerrada), con vértice geodésico a 2.138 m; de ahí hacia el oeste la cresta va perdiendo altura risco a risco hasta la Pradera de Majalasna. Coronar todos los picos exige destrepar y trepar bloques (dificultad I-I+), nada serio en seco pero delicado con la roca mojada o helada. Quien prefiera evitar las trepadas puede flanquear las cumbres por la senda inferior, como hace la ruta oficial del parque.
El gran condicionante es la estación. En verano y otoño es una travesía espléndida y muy concurrida; en invierno se convierte en una ruta técnica: la umbría del Schmid y el cordal acumulan nieve y hielo durante semanas, y el paso entre riscos requiere crampones, piolet y experiencia. La niebla, frecuente, complica además la orientación en una cresta jalonada solo por hitos. Y un aviso logístico de peso: la línea C-9 de Cercanías que subía el tren a Navacerrada y Cotos lleva cerrada por obras desde 2024 y sigue sin servicio en 2026, así que hay que llegar en coche o en autobús.
El cordal granítico obliga a rodear o trepar cada uno de los picos, y ahí es donde se pierde la senda cuando entra la niebla desde el Valle de la Fuenfría. La guía de seguridad de la sierra de Guadarrama reúne los avisos oficiales y qué comprobar la víspera.