El Pico Villuercas (oficialmente Risco de la Villuerca, 1.601 m) es el techo del Geoparque Mundial UNESCO Villuercas-Ibores-Jara y la mayor altura de los Montes de Toledo. La subida clasica arranca en la Ermita del Humilladero, a la salida de Guadalupe, y remonta unos 960 m de desnivel en una ida y vuelta de 14,2 km que cruza robledales con musgo, antiguas neverias y el espectacular relieve apalachense de cuarcita armoricana que da fama mundial al geoparque. El itinerario se apoya en parte en el GR-117 «Travesía de Alfonso Onceno», sendero homologado por la FEXME, y termina junto a la antigua base militar y el vertice geodesico de la cima. Es una ascensión de media montaña exigente pero asequible, sin pasos aereos, que en días claros regala vistas hasta la Sierra de Gredos y el Real Monasterio de Guadalupe.
El nombre de la travesía recuerda al rey Alfonso XI, que frecuentaba estas sierras para cazar el oso, y la Via Romana XVII que conectaba Braga con Astorga da identidad al actual GR-117. A media subida, el sendero pasa cerca del Arca del Agua, una obra hidraulica del siglo XIV que abastecia al Real Monasterio, y del Pozo de la Nieve, neveria donde se almacenaba nieve prensada para conservarla hasta el verano. Esta capa de historia, sumada al interés geológico, explica que el conjunto figure entre los geositios estrella del geoparque.
Desde el punto de vista geológico, la cumbre es un aula al aire libre: las crestas de cuarcita armoricana del Ordovicico forman los pliegues paralelos noroeste-sureste que dibujan el inconfundible relieve de tipo apalachense. En las rocas del entorno se conservan icnofosiles y vendotaenidos del Ediacarico, entre los registros más antiguos de vida compleja de la península. Por eso la UNESCO reconocio el territorio como geoparque en 2011 y lo integro en la Red Mundial de Geoparques en 2015.
La cima esta coronada por una antigua base militar abandonada, parte del sistema de transmisiones por microondas de la Guerra Fria, junto a dos chamizos de piedra circulares que sirven de refugio del viento y el vertice geodesico. Los últimos metros discurren por una pedrera de cuarcita que conviene pisar con cuidado, sobre todo en el descenso. Complementa bien a las rutas familiares de la Garganta de los Infiernos (Jerte) y al Salto del Gitano de Monfrague: aquí domina la media montaña y el desnivel sostenido.