El Salto del Nervión es la mayor cascada de España: una caída de 222 metros que se descuelga de un cortado vertical hacia el espectacular cañón de Délica, en el límite entre Burgos y Álava. La forma más cómoda y popular de asomarse a ella es la senda PR-BU 45, que parte del aparcamiento de Hoyalante, a la entrada del Monumento Natural de Monte Santiago (Berberana, Burgos), y atraviesa uno de los hayedos más bellos del norte por una pista ancha y casi llana hasta una plataforma colgada sobre el abismo. Son 10,5 kilómetros de ida y vuelta sin apenas dificultad —la única pega es el suave ascenso del regreso—, lo que la convierte en una de las rutas más agradecidas y familiares de toda Castilla y León. Pero hay una condición que lo decide todo: la cascada es estacional, así que conviene saber muy bien cuándo lleva agua antes de ponerse en marcha.
Lo primero que hay que entender de esta ruta es que el Salto del Nervión solo cae cuando llueve o se derrite la nieve. El cauce es kárstico y estacional: durante buena parte del año, y casi siempre en verano, el salto está completamente seco y lo que se ve desde el mirador es el anfiteatro rocoso del cañón, impresionante pero sin chorro. Para verlo en todo su esplendor —los 222 metros de agua pulverizándose contra el fondo de Délica— hay que ir tras varios días de lluvias abundantes o en pleno deshielo, sobre todo entre noviembre y abril. Antes de salir merece la pena consultar la previsión de AEMET para Orduña o Berberana y buscar fotos recientes del estado del salto: las cuentas locales suelen publicar si lleva agua. Gestionar bien esta expectativa es la diferencia entre una jornada redonda y una pequeña decepción.
El recorrido en sí es un paseo por el hayedo de Monte Santiago, uno de los grandes bosques cantábricos de la vertiente sur. Desde Hoyalante se sigue una pista forestal ancha —hormigonada en el primer tramo y de zahorra compactada después— que avanza en suave descenso entre hayas centenarias. A poco más de kilómetro y medio se pasa junto a la Casa del Parque y el aparcamiento de Fuente Santiago, donde brota el manantial que da nombre al lugar; desde aquí, quien quiera acortar con niños pequeños tiene el mirador a algo más de tres kilómetros. La senda continúa ganando la cornisa del cortado hasta desembocar en la plataforma volada sobre el cañón. El regreso es por el mismo camino, esta vez en ligero ascenso —de unos 710 metros en el mirador a los 890 de la salida—: un esfuerzo modesto y bien repartido que es el único «pero» físico de toda la jornada.
Conviene fijar bien la geografía, porque genera muchas dudas. El mirador desde el que se contempla la cascada está en territorio burgués, dentro del Monumento Natural de Monte Santiago (término de Berberana, Castilla y León). El salto en sí cae enfrente, en el borde del cañón de Délica, ya en el límite con Álava (País Vasco): el río se llama Délica antes de despeñarse y pasa a llamarse Nervión después, el mismo que más abajo cruza Bilbao. La plataforma final está literalmente colgada sobre un precipicio de más de doscientos metros, protegida por barandillas: es un balcón espectacular, pero exige respeto absoluto con niños, mascotas y cualquiera que sufra vértigo. No hay que asomarse por fuera de las protecciones bajo ningún concepto.