Qué son y dónde te encuentran
Las garrapatas son ácaros parásitos que esperan agazapados en la punta de hierbas, helechos y matorrales, con las patas extendidas, hasta engancharse al primer animal o persona que roza la vegetación. No saltan ni vuelan: simplemente se aferran al pasar. Por eso el senderista las recoge sobre todo al caminar por sendas estrechas invadidas por la maleza, al sentarse sobre la hierba o al cruzar pastizales y zonas ganaderas.
Buscan piel fina y cálida, de modo que tienden a fijarse detrás de las orejas, en el cuero cabelludo, las axilas, el ombligo, la ingle, la cintura y los pliegues de las piernas. Su picadura es indolora y suele pasar desapercibida, lo que hace imprescindible la revisión visual al volver a casa.
La enfermedad de Lyme y otros riesgos
La enfermedad de Lyme, o borreliosis, es la infección transmitida por garrapatas más conocida en España. La causa la bacteria Borrelia burgdorferi, que la garrapata inocula al alimentarse de sangre. La señal más característica es el eritema migratorio: una mancha roja en forma de diana o escarapela que aparece días después de la picadura y se expande poco a poco. Pueden sumarse fiebre, dolor de cabeza y dolores musculares y articulares.
No es la única enfermedad en juego: el plan nacional de vigilancia incluye también la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, presente en garrapatas del género Hyalomma de áreas del oeste peninsular, sobre todo el oeste de Castilla y León y el norte de Extremadura. Cuanto antes se retire el parásito, menor es la probabilidad de contagio.
Cuándo y dónde hay más riesgo en España
La actividad de las garrapatas se dispara en primavera y verano, cuando las temperaturas suaves y la humedad favorecen su ciclo, aunque en inviernos templados pueden seguir activas casi todo el año. El senderista debe extremar la precaución entre los meses de marzo y septiembre.
Geográficamente, las comunidades del norte húmedo concentran muchos casos de enfermedad de Lyme: Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra y zonas de montaña de Castilla y León reúnen el bosque atlántico, los pastos y la fauna que las garrapatas necesitan. Las rutas que atraviesan dehesas, robledales, hayedos, brezales y prados ganaderos son las de mayor exposición, frente a los senderos pedregosos y de alta montaña donde escasea la vegetación baja.
Prevención durante la ruta
La protección empieza por la ropa. Las autoridades sanitarias recomiendan manga larga, pantalón largo metido por dentro de los calcetines y calzado cerrado, preferiblemente de colores claros para detectar antes a estos ácaros oscuros. Caminar por el centro de las sendas, evitando rozar la vegetación, y no sentarse directamente sobre la hierba reduce mucho el contacto.
Conviene aplicar repelentes autorizados con sustancias de eficacia probada como DEET, icaridina, IR3535 o citriodiol sobre la piel expuesta y la ropa. Al terminar la jornada, la medida más eficaz es la inspección minuciosa de todo el cuerpo, incluidos el cuero cabelludo y los pliegues, así como revisar a los acompañantes y a los perros, que también las transportan a casa.