Flora de montaña · nivel básico

Dehesa.

Bosque mediterráneo aclarado de encina y alcornoque con ganadería extensiva y alta biodiversidad

Paisaje agrosilvopastoral del suroeste ibérico: bosque aclarado de encina y alcornoque con pasto y ganadería extensiva. Ocupa unos 3 millones de hectáreas en España y es hábitat de interés comunitario 6310.

Qué es exactamente una dehesa

La dehesa es un sistema agrosilvopastoral, es decir, un paisaje en el que se combinan de forma equilibrada el árbol, el pasto y el ganado sobre un mismo terreno. No se trata de un bosque salvaje ni de un cultivo, sino de una formación de origen humano: durante siglos, los habitantes del suroeste de la Península Ibérica aclararon el bosque mediterráneo original para dejar los árboles más productivos bien espaciados, con la hierba creciendo a sus pies. El resultado es ese paisaje reconocible de encinas y alcornoques dispersos sobre un manto de pasto, característico de Extremadura, Sierra Morena, los campos de Salamanca y buena parte de Andalucía. En Portugal, donde recibe el nombre de montado, se extiende por el Alentejo con la misma lógica.

Los árboles que la definen

El alma arbórea de la dehesa son dos especies del género Quercus: la encina (Quercus ilex) y el alcornoque (Quercus suber), ambas de hoja perenne y adaptadas a los veranos secos y los inviernos suaves del clima mediterráneo. La encina aporta la bellota, base alimenticia del ganado, mientras que el alcornoque añade un recurso singular: el corcho, que se extrae de su corteza cada nueve o diez años sin dañar el árbol. Junto a ellos aparecen, según la comarca, el quejigo y el roble melojo. La densidad de arbolado es baja a propósito, normalmente entre 20 y 100 pies por hectárea, para que entre suficiente luz al suelo y prospere el pastizal.

Un calendario marcado por la montanera

La vida productiva de la dehesa gira en torno a un ganado en régimen extensivo que se alimenta del medio durante todo el año. Pastan en ella ovejas de raza merina, vacas retintas y, sobre todo, el cerdo ibérico, cuya cría hace célebre a este paisaje. El momento clave es la montanera, el periodo que va aproximadamente de octubre a febrero en el que cae la bellota y los cerdos engordan a su costa antes del sacrificio. Esta alimentación es la que da nombre al jamón de bellota. La dehesa proporciona así varios aprovechamientos sobre una misma superficie: carne, bellota, corcho, leña, miel, caza y pastos, lo que la convierte en un modelo de uso múltiple del territorio.

Por qué está protegida: el hábitat 6310

La Unión Europea reconoce el valor ecológico de la dehesa incluyéndola en el Anexo I de la Directiva Hábitats (92/43/CEE) con el código 6310, «Dehesas perennifolias de Quercus spp.». Esto significa que es un hábitat de interés comunitario que España debe mantener en un estado de conservación favorable e informar de su situación periódicamente. Según la ficha oficial del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), este tipo de hábitat está presente únicamente en la región biogeográfica mediterránea y se contabilizan unas 486.128 hectáreas dentro de la Red Natura 2000. Muchas dehesas quedan amparadas además por las figuras ZEC (Zonas Especiales de Conservación) y ZEPA (Zonas de Especial Protección para las Aves), y varias comarcas dehesadas son Reserva de la Biosfera.

Una de las mayores reservas de biodiversidad de Europa

Aunque parezca un paisaje humanizado, la dehesa alberga una riqueza biológica excepcional precisamente por su estructura abierta de bosque y pasto. Es uno de los refugios del águila imperial ibérica (Aquila adalberti), rapaz endémica de la Península clasificada como «En Peligro» por SEO/BirdLife, que cría en sus encinares y caza los conejos del pastizal. Comparte cielo con el buitre negro y la cigüeña negra, ambas aves escasas y muy sensibles a las molestias. En invierno, la dehesa extremeña se convierte en uno de los principales cuarteles europeos de la grulla común (Grus grus), que llega por decenas de miles desde el norte de Europa atraída por la abundancia de bellota. Para el senderista, esto hace de la dehesa un destino privilegiado de observación de aves, sobre todo entre noviembre y febrero.

Amenazas: la seca y la falta de relevo

La dehesa es un equilibrio delicado y hoy afronta varios problemas serios que conviene conocer. El más grave es la llamada seca, una enfermedad asociada en buena parte al patógeno Phytophthora cinnamomi que pudre las raíces de encinas y alcornoques y provoca su muerte progresiva, agravada por la sequía y el cambio climático. A ello se suma la falta de regeneración natural: en muchas fincas el pastoreo y el laboreo continuos impiden que broten encinas jóvenes, de modo que el arbolado envejece sin recambio y, cuando los árboles viejos mueren, no hay quien los sustituya. El abandono de las prácticas tradicionales en unas zonas y la intensificación ganadera en otras completan un cuadro de fragilidad. Conservar la dehesa, en definitiva, exige seguir trabajándola de forma sostenible: es un ejemplo de que, a veces, proteger un paisaje no consiste en dejarlo solo, sino en mantener vivo el manejo que lo creó.

Cómo disfrutarla con respeto

  • La mayoría de las dehesas son fincas privadas o de uso ganadero; circula solo por caminos públicos, vías pecuarias y senderos señalizados.
  • Si caminas durante la montanera, no molestes ni alimentes a los cerdos ni al resto del ganado, y cierra siempre las cancelas que abras.
  • Durante la época de cría de las aves (primavera) evita acercarte a posaderos y nidos de águila imperial, buitre negro o cigüeña negra.
  • En invierno, los dormideros de grullas se observan a distancia, con prismáticos y sin invadir los pastizales encharcados donde descansan. Extremadura reúne el 46 % de las grullas invernantes de España según el censo de enero de 2026; dónde están los observatorios y qué exige cada dormidero, en la guía de dónde ver grullas.
Preguntas frecuentes

Lo que más se pregunta.

¿Por qué la dehesa se considera un sistema agroforestal y no un bosque natural?

La dehesa se clasifica como sistema agroforestal, o más exactamente agrosilvopastoral, porque integra de manera planificada tres aprovechamientos sobre una misma parcela: árboles dispersos, pasto y ganado. A diferencia de un bosque natural, es un paisaje creado por el ser humano que aclaró el monte mediterráneo original para multiplicar sus usos. Esa estructura abierta permite obtener bellota, corcho, carne, leña y miel sin agotar el suelo, motivo por el que la Unión Europea la reconoce como un modelo de uso sostenible del territorio que solo se conserva si se sigue trabajando.

¿Qué diferencia hay entre la dehesa española y el montado portugués?

La dehesa y el montado son el mismo paisaje agrosilvopastoral con dos nombres según el país. En España se llama dehesa y se concentra en Extremadura, Sierra Morena, Salamanca y Andalucía; en Portugal recibe el nombre de montado y cubre sobre todo el Alentejo. Ambos comparten la base de encina y alcornoque aclarados, el ganado extensivo y la producción de corcho. La única diferencia real es de matiz cultural y de proporción de especies: el montado alentejano tiende a apoyarse algo más en el alcornoque y la industria corchera.

¿Dónde se encuentra la dehesa extremeña y qué la hace especial?

La dehesa extremeña ocupa más de 1,2 millones de hectáreas, en torno al 30 % del territorio de Extremadura según las mediciones oficiales del Sistema de Información sobre Ocupación del Suelo (SIOSE), lo que la convierte en el uso dominante del suelo en la región y en la mayor extensión de este paisaje de toda la Península. Su singularidad va más allá del jamón ibérico: cada invierno acoge la mayor concentración de grulla común de España, con cifras que rondan las 120.000 aves, y es uno de los refugios del águila imperial ibérica. Por eso buena parte de estas dehesas están incluidas en la Red Natura 2000.

¿Qué relación tiene la dehesa con el jamón ibérico de bellota?

El vínculo es directo: el jamón ibérico de bellota nace de la montanera, la fase final de engorde en la que el cerdo ibérico se alimenta en libertad de las bellotas caídas en la dehesa. Esta etapa transcurre aproximadamente de octubre a febrero, cuando madura el fruto de encinas y alcornoques. Sin dehesa no hay montanera, y sin montanera no existe la categoría «de bellota»: la grasa infiltrada que da su sabor característico a estos jamones procede precisamente de esa dieta natural de bellota y hierba durante los meses de otoño e invierno.

¿Cómo se forma una dehesa y cuánto tiempo tarda?

Una dehesa se forma aclarando el bosque mediterráneo: se eliminan los árboles más débiles y la maleza para dejar los pies más productivos bien espaciados, normalmente entre 20 y 100 árboles por hectárea, de modo que la luz llegue al suelo y crezca el pasto. No es un proceso rápido. Las encinas y alcornoques son especies de crecimiento lento que tardan décadas en producir bellota o corcho de calidad, y el equilibrio entre arbolado, pastizal y ganado se mantiene a lo largo de generaciones. Por eso una dehesa madura representa siglos de manejo humano continuado.

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