Geología de montaña · nivel intermedio

Flysch.

La sucesión de estratos alternos que en la Costa Vasca forma un acantilado a capas y archiva millones de años

El flysch es una potente sucesión de estratos que alternan rocas duras y blandas —areniscas o calizas con margas y lutitas— depositados en capas sobre el fondo marino y más tarde plegados, levantados y erosionados hasta quedar al descubierto. En el litoral guipuzcoano del Geoparque de la Costa Vasca (Zumaia, Deba y Mutriku) la erosión del oleaje ha dejado esas capas casi verticales formando un acantilado a láminas único, un archivo de unos sesenta millones de años de historia de la Tierra que incluye el límite entre el Cretácico y el Paleógeno, el momento de la extinción de los dinosaurios.

Qué es un flysch y de dónde viene la palabra

El término flysch procede del alemán dialectal de los Alpes suizos —de un verbo que viene a significar «fluir» o «resbalar»— y los geólogos lo tomaron prestado en el siglo XIX para nombrar una cosa muy concreta: esas potentes series marinas en las que se repiten, una y otra vez, una capa de roca dura sobre una capa de roca blanda. No es una roca, sino una sucesión de estratos, una especie de hojaldre geológico de cientos o miles de metros de espesor. En la Costa Vasca alternan fundamentalmente areniscas y calizas (las capas duras, que resisten el embate del mar y sobresalen) con margas y lutitas (las blandas, que el oleaje vacía y deja como surcos hundidos entre las anteriores). Ese contraste de dureza es lo que, una vez la roca se levanta y el mar la ataca de costado, talla el característico relieve a láminas.

Cómo se forma: las turbiditas y los aludes submarinos

El motor del flysch son las turbiditas. En el borde de las cuencas marinas se acumula sedimento que, de cuando en cuando —desestabilizado por un seísmo, una crecida o el propio peso— se desploma ladera abajo en forma de corriente de turbidez: un alud submarino de agua cargada de arena y barro que se desliza por el talud y se extiende por el fondo llano. Al frenarse, deposita su carga de golpe y por orden de tamaño: primero la arena gruesa, abajo, y encima los finos en suspensión, que tardan más en posarse. Cada uno de esos episodios deja un estrato. Repetido a lo largo de millones de años, capa sobre capa, el resultado es la sucesión rítmica del flysch. Por eso cada par de capas equivale, a grandes rasgos, a un evento catastrófico individual congelado en la roca.

En el Geoparque de la Costa Vasca este proceso ocurrió mientras se abría el golfo de Bizkaia, que generó las fosas marinas profundas donde se apilaron los sedimentos. El tramo más antiguo, el flysch negro de los acantilados de Deba y Mutriku, se depositó en un fondo inestable surcado por cañones submarinos hace unos 110 a 97 millones de años, y es famoso por sus amonites gigantes; por encima vienen el flysch calcáreo y el flysch arenoso, más recientes, depositados en un fondo marino profundo y tranquilo.

Un libro de piedra de sesenta millones de años

Lo que hace excepcional al flysch de Zumaia no es solo su belleza, sino su continuidad. Los trece kilómetros de acantilados del geoparque exponen una secuencia casi ininterrumpida que abarca del Albiense (Cretácico Inferior) al Ypresiense (Eoceno Inferior), es decir, del orden de sesenta millones de años leídos capa a capa como las páginas de un libro abierto de canto. Caminar a lo largo de la base del acantilado en marea baja equivale a avanzar en el tiempo geológico: cada metro recorrido representa miles de años de sedimentación. En esa secuencia están registrados varios de los grandes límites de la escala temporal de la Tierra, entre ellos el límite Cretácico-Paleógeno (K-Pg), que aflora en las playas de Algorri e Itzurun con su delgado nivel enriquecido en iridio, la firma química del impacto del asteroide que hace 66 millones de años acabó con los dinosaurios.

Los «clavos dorados» de Zumaia y la honestidad del K-Pg

Un GSSP —del inglés Global Boundary Stratotype Section and Point, lo que se conoce popularmente como «clavo dorado»— es el punto exacto del planeta elegido por la comunidad geológica como referencia mundial para definir el inicio de una edad geológica. Zumaia tiene el honor de albergar dos de ellos, ambos en la playa de Itzurun y ratificados por la Unión Internacional de Ciencias Geológicas en 2008:

  • Base del Selandiense: situada unos 49 metros por encima del límite K-Pg, donde un cambio brusco de litología —de las calizas y margas rojizas a las margas grises blandas— marca el arranque de esta edad del Paleoceno medio.
  • Base del Thanetiense: algo más arriba en la serie, hacia los 78 metros sobre el K-Pg. Aquí el límite no se ve a simple vista; coincide con una inversión del campo magnético terrestre que solo se detecta midiendo las rocas en el laboratorio.

Conviene ser preciso con un dato que a menudo se confunde: el famoso límite K-Pg sí aflora en Zumaia y es uno de los mejores registros del mundo, pero su «clavo dorado» de referencia no está aquí. El GSSP del límite Cretácico-Paleógeno —la base de la edad Daniense— se fijó en la sección de El Kef, en Túnez, ratificado en 1991. Los estratotipos que Zumaia sí ostenta son los del Selandiense y el Thanetiense, dos edades algo posteriores del Paleoceno. Es una matización que honra al lugar sin exagerarlo: tener dos GSSP ya lo convierte en un enclave de primerísimo nivel mundial.

Cómo y cuándo visitarlo: la marea manda

El flysch es un escenario costero, y la primera regla del visitante es la misma que rige toda la rasa cantábrica y los litorales del norte: vigilar la marea. La plataforma rocosa que da acceso a la base del acantilado —la rasa mareal entre Deba y Zumaia— solo queda al descubierto con marea baja; con marea alta el mar cubre la roca y deja al caminante atrapado contra la pared, una situación peligrosa. Antes de bajar a pie de acantilado hay que consultar la tabla de mareas del día y calcular el margen de tiempo. Otras precauciones:

  • La roca pulida por el mar resbala mucho, sobre todo donde hay algas; conviene calzado con buen agarre y caminar despacio.
  • Hay que mantenerse alejado de la base de la pared por riesgo de desprendimientos, y nunca subir por el acantilado.
  • El paseo por la parte alta, en cambio, se hace con comodidad y seguridad por sendas y miradores; es la opción cuando la marea no acompaña.

La forma más completa de descubrirlo son las visitas guiadas y los paseos en barco que organiza el propio geoparque, que permiten ver el acantilado a capas desde el mar y entender lo que se está mirando. Para el senderista, el flysch enlaza además con el sendero costero de la GR-121 y con el karst del interior del geoparque, donde la otra gran historia geológica de esta tierra —la de la caliza y el lapiaz— complementa la del fondo del mar levantado.

Preguntas frecuentes

Lo que más se pregunta.

¿Qué es exactamente el flysch?

El flysch no es una roca concreta, sino una sucesión rítmica de estratos que alternan rocas duras y blandas —areniscas o calizas sobre margas y lutitas— depositada en el fondo marino y luego plegada, levantada y erosionada. La palabra procede del alemán dialectal de los Alpes suizos y alude a la facilidad con que esas capas blandas «resbalan». Su rasgo distintivo es la repetición monótona de pares de capas a lo largo de cientos o miles de metros de espesor, un auténtico hojaldre geológico que la erosión del mar talla en relieve a láminas.

¿Dónde se ve el flysch de Zumaia y cuántos años de historia conserva?

El flysch más famoso de España se extiende por los 13 kilómetros de acantilados del Geoparque de la Costa Vasca, entre Deba, Zumaia y Mutriku (Gipuzkoa). Sus capas, hoy casi verticales, registran una secuencia casi ininterrumpida de unos sesenta millones de años, desde el Albiense (Cretácico Inferior) hasta el Ypresiense (Eoceno Inferior). Caminar por la base del acantilado en marea baja equivale a avanzar en el tiempo geológico, ya que cada metro recorrido representa miles de años de sedimentación leídos como las páginas de un libro abierto de canto.

¿Cómo se forma el flysch?

El flysch se forma por corrientes de turbidez, aludes submarinos de agua cargada de arena y barro que se desploman por el talud de la cuenca marina cuando un seísmo o el propio peso del sedimento lo desestabiliza. Al frenarse en el fondo llano, la corriente deposita su carga de golpe y ordenada por tamaños: la arena gruesa abajo y los finos arriba. Cada uno de esos episodios deja un estrato, llamado turbidita, de modo que cada par de capas equivale a un evento individual congelado en la roca. Repetido durante millones de años, genera la sucesión característica.

¿Por qué se dice que Zumaia tiene dos «clavos dorados»?

Un «clavo dorado» o GSSP es el punto del planeta elegido por la comunidad geológica mundial para definir el inicio de una edad geológica. La playa de Itzurun, en Zumaia, alberga dos GSSP ratificados por la Unión Internacional de Ciencias Geológicas en 2008: la base del Selandiense, unos 49 metros por encima del límite Cretácico-Paleógeno, y la base del Thanetiense, hacia los 78 metros. Conviene matizar que el famoso límite K-Pg sí aflora aquí, pero su estratotipo de referencia se fijó en El Kef (Túnez), ratificado en 1991, no en Zumaia.

¿Es peligroso bajar a caminar por el flysch?

El flysch es un escenario costero y la regla esencial es vigilar la marea, igual que en toda la rasa cantábrica. La plataforma rocosa que da acceso a la base del acantilado solo queda al descubierto con marea baja; con marea alta el mar cubre la roca y puede dejar al caminante atrapado contra la pared. Hay que consultar la tabla de mareas antes de bajar, calzar suela con buen agarre porque la roca pulida resbala, y mantenerse alejado de la pared por riesgo de desprendimientos. Cuando la marea no acompaña, el paseo por la parte alta y los miradores es seguro.

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