Qué es una duna y cómo se forma
Una duna es un relieve construido por el viento a partir de arena suelta. En el litoral, el proceso empieza cuando las mareas y el oleaje depositan arena en la playa; al secarse, el viento la arrastra hacia el interior y la deposita allí donde encuentra un obstáculo, normalmente una mata de vegetación. Grano a grano, esos pequeños montículos crecen hasta formar cordones dunares que pueden extenderse varios kilómetros. El Ministerio para la Transición Ecológica describe estos sistemas como medios de gran dinamismo y fragilidad, sostenidos por la interrelación permanente entre arena, viento y plantas, y que cumplen además una función esencial de protección del frente costero frente a los temporales (MITECO).
Barlovento y sotavento: la asimetría de la duna
Toda duna activa tiene dos caras bien diferenciadas. La cara de barlovento, la que recibe el viento, presenta una pendiente suave por la que la arena asciende rodando y saltando. Al superar la cresta, los granos caen al abrigo del viento sobre la cara de sotavento, mucho más empinada, que se mantiene cerca del ángulo de reposo de la arena (en torno a 30-34 grados). Esa transferencia continua de material desde barlovento hacia sotavento es lo que hace que la duna entera migre lentamente en la dirección del viento dominante. Entender esta dinámica de barlovento y sotavento explica por qué los grandes campos de dunas nunca están quietos.
Tipos de duna litoral
El propio MITECO ordena las dunas costeras según su grado de evolución y su movilidad:
- Dunas embrionarias: las más jóvenes, pequeños montículos junto a la playa fijados por gramíneas pioneras.
- Dunas móviles o vivas (dunas blancas): cordones en pleno movimiento, con escasa cubierta vegetal, que avanzan tierra adentro. Corresponden al hábitat de interés comunitario 2120, dunas móviles con Ammophila arenaria (ficha Red Natura 2000).
- Dunas fijas (dunas grises): ya colonizadas por matorral y arbolado que frenan el movimiento de la arena; se corresponden con el hábitat 2210, dunas fijas del litoral.
- Dunas fósiles: arenas antiguas consolidadas y cementadas por una formación superior, testigos de sistemas dunares del pasado.
El barrón y la vegetación que sujeta la arena
La planta clave del sistema es el barrón (Ammophila arenaria), una gramínea capaz de crecer enterrada por la arena: cuanto más la sepulta el viento, más rizomas y raíces emite, atrapando nuevos granos y haciendo crecer la duna a su alrededor. Le acompañan especies psammófilas (amantes de la arena) como el gramón de playa (Sporobolus pungens) o el llamativo lirio de mar (Pancratium maritimum). En las dunas fijas, alejadas ya del mar, aparecen matorrales costeros y bosquetes de enebros y sabinas. Esta cubierta vegetal no es un adorno: es el armazón vivo que transforma una duna móvil e inestable en una duna fija capaz de resistir los temporales.
Cuatro sistemas dunares emblemáticos de España
| Sistema dunar | Dónde | Dato destacado |
|---|---|---|
| Doñana | Huelva | El sistema de dunas vivas más importante de la península ibérica, con frentes que avanzan sobre el pinar. |
| Maspalomas | Gran Canaria | Reserva Natural Especial de 404 ha; los alisios desplazan las dunas entre 2 y 5 m al año. |
| Corrubedo | A Coruña | La mayor duna móvil de Galicia: 1 km de longitud, unos 250 m de anchura y unos 15 m de altura. |
| Liencres | Cantabria | Mejor complejo dunar del litoral cantábrico, fijado en parte con pino marítimo desde mediados del siglo XX. |
Las dunas de Maspalomas, gestionadas por el Gobierno de Canarias, ilustran bien su fragilidad: pierden cada año unos 45.000 m³ de arena y han visto reducirse casi a la mitad la superficie de dunas móviles desde los años sesenta, en buena medida por la presión urbanística y el pisoteo. En Galicia, el complejo dunar de Corrubedo está protegido como parque natural de casi 1.000 hectáreas que combina la gran duna móvil con las lagunas de Carregal y Vixán (Xunta de Galicia).
Por qué no se debe pisar la vegetación dunar
La regla de oro al recorrer un arenal es no salir de las pasarelas ni de los senderos balizados. El motivo es puramente ecológico: las plantas que pisamos son precisamente las que retienen la arena. Cuando el barrón y las gramíneas pioneras se pierden por el tránsito repetido, la arena queda al descubierto y el viento abre canales de erosión —los llamados pasillos de deflación o blowouts— que pueden desmantelar todo un cordón dunar. La normativa europea reconoce esta fragilidad: tanto las dunas móviles como las fijas son hábitats de interés comunitario incluidos en la Red Natura 2000, y el propio MITECO recomienda que su gestión se base, en la medida de lo posible, en la mínima intervención y en evitar las pisadas fuera de los itinerarios habilitados. Respetar las pasarelas, no recolectar plantas y mantener a los perros controlados son gestos sencillos que permiten que estos paisajes en movimiento sigan vivos.
Precauciones para el senderista
Caminar por sistemas dunares es seguro, pero conviene tener en cuenta algunos aspectos. La arena seca multiplica el esfuerzo y el calor: en jornadas soleadas la superficie alcanza temperaturas muy altas, así que conviene llevar agua suficiente, protección solar y calzado cerrado. Las grandes dunas móviles cambian de forma y pueden desorientar, por lo que merece la pena no perder de vista las referencias de la costa. Y siempre, por encima de todo, pisar solo donde está permitido: en estos arenales la huella que dejamos no la borra la próxima marea, sino el lento trabajo del viento durante años.