La Costa Quebrada es, desde septiembre de 2024, el primer Geoparque Mundial de la UNESCO de la historia de Cantabria, y este tramo de su senda litoral —el que recorre los acantilados de Liencres, en el municipio de Piélagos— es su escaparate más espectacular. Caminando por el borde de los cantiles desde el aparcamiento de las Dunas de Liencres hacia el este, en poco más de dos kilómetros se pasa por el Mirador de los Urros —una alineación de islotes verticales de caliza que el mar fue aserrando hasta dejarlos en pie—, por el Socavón o Bufón de Pedrondo —una sima litoral que escupe agua hacia arriba cuando entra mar de fondo— y por la playa de la Arnía, encajada entre margas fosilizadas y una de las plataformas de abrasión mejor conservadas del Cantábrico, hasta llegar a la playa de Covachos. Es un recorrido llaneante y sin grandes desniveles, apto para casi todo el mundo, pero que discurre por filo de acantilado sin protecciones: un manual de geología a tamaño natural que se camina con respeto al borde y un ojo en la mar. La publicamos de ida y vuelta, 4,44 kilómetros, porque la senda muere en Covachos y se regresa por donde se vino.
Lo que hace única a esta costa es la geología, y conviene entenderla para mirarla bien. Los Urros de Liencres no son rocas cualesquiera: son los muñones de una antigua cresta de caliza aptiense del Cretácico inferior que el oleaje ha ido desgastando durante más de cien millones de años. Donde la roca era dura resistió y hoy quedan esos islotes alineados frente a la costa; la blanda de alrededor desapareció. Es la erosión diferencial explicada sin libros. A su lado, el Socavón de Pedrondo es una sima litoral que el Instituto Geológico y Minero (IGME) ha medido en cerca de 985 metros cuadrados de superficie, 42 metros de profundidad y unos 18.000 metros cúbicos de volumen: cuando entra mar de fondo, el agua comprimida sube por la grieta y revienta hacia arriba como un géiser marino. Sin marejada, en cambio, no «sopla»: el espectáculo depende por completo de la mar.
El conjunto está reconocido al máximo nivel. El IGME califica el geosite CV024 —el sistema dunar de Liencres y el litoral de la Costa Quebrada— con un valor científico de 8,5 sobre 10 y prioridad de protección alta: no es un mirador bonito cualquiera, es uno de los afloramientos geológicos de referencia del país. La playa de la Arnía, según la ficha oficial del Ayuntamiento de Piélagos, mide unos 500 metros y está flanqueada por margas y calizas margosas muy fosilizadas; al frente se despliega esa terraza rocosa plana, la plataforma de abrasión intermareal, que el mar talló al pie del acantilado y que aflora con la bajamar. Y en el extremo de poniente del recorrido, junto a la desembocadura del río Pas, se extiende el campo de dunas móviles de Liencres, uno de los mayores sistemas dunares del norte de España, protegido como Parque Natural mucho antes de que llegara el sello de Geoparque.
El sendero que une todo esto no es un PR homologado al uso, sino la senda litoral del Plan de Sendas del Litoral de Cantabria, la red costera oficial de la comunidad: el mismo trazado que aparece digitalizado en la cartografía pública con ortofoto del Plan Nacional de Ortofotografía Aérea (PNOA). Eso le da una base fiable, pero también obliga a una advertencia: el camino discurre en buena parte por el filo del acantilado, sin barandillas ni protecciones, y la misma fuerza que esculpe los urros se está comiendo, literalmente, parte del sendero. En la Arnía hay un tramo erosionado por el mar que obliga a un pequeño rodeo; conviene confirmar el estado actualizado del camino antes de salir y no acercarse nunca al borde con suelo mojado, viento o niños.