En el extremo más septentrional de Asturias, el faro de Peñas vigila desde 1852 unos acantilados de cuarcita que superan los cien metros de caída sobre el Cantábrico. Desde el amplio aparcamiento del faro —que alberga el Centro de Interpretación del Medio Marino— arranca una senda peatonal, en buena parte sobre pasarelas de madera con paneles interpretativos, que enlaza los miradores del cabo: de la playa de El Sabín, al oeste, a la cruz de la peña la Gaviera, la roca más al norte del Principado. Es un paseo corto y prácticamente llano, apto para familias en su primer tramo, pero de bordes sin protección: aquí manda la prudencia, no el reloj. Publicamos el circuito corto de miradores, de unos cuatro kilómetros; quien busque una jornada completa dispone del PR-AS 25, la travesía costera de dieciséis kilómetros y medio que la FEMPA cataloga entre el faro de San Juan de Nieva y el cabo, señalizada pero no homologada.
El cabo de Peñas es el saliente más septentrional de la costa asturiana y la referencia marinera de todo el litoral central: separa las aguas que miran a Avilés de las que abren hacia Gijón y, en días claros, su horizonte alcanza el cabo Vidio al oeste e incluso el cabo Busto. El faro que lo corona, levantado en 1852, es uno de los más altos y potentes del Cantábrico. A su alrededor se extiende una rasa costera —una plataforma casi horizontal tallada por el mar— cubierta por uno de los brezales y tojales atlánticos mejor conservados de la cornisa. La cota máxima del entorno es la peña la Gaviera, unos noventa y cuatro metros según las fuentes divulgativas locales, coronada por una cruz y un buzón de cumbres y considerada la pica más al norte de Asturias.
El Centro de Interpretación del Medio Marino de Peñas ocupa la planta baja del propio faro y reparte en cinco salas la historia de los faros, los naufragios, el mar del cabo y su fauna. La entrada ronda un euro (con tarifa reducida de medio euro) y sus horarios son estacionales y limitados, así que conviene confirmarlos antes de subir en la Oficina de Turismo de Luanco. El recorrido de la senda es breve pero denso en contenido: pasarelas de madera con barandilla en el arranque, paneles que explican la geología de los cantiles de cuarcita y la avifauna marina, y una sucesión de miradores desde los que el Cantábrico se despliega sin obstáculos. En otoño, la Punta de la Vaca se convierte en uno de los mejores puestos del norte para observar el paso migratorio de aves marinas.
La versión que documentamos es el circuito corto desde el aparcamiento del faro: unos cuatro kilómetros que van a los miradores del oeste, se asoman con prudencia a los cantiles y suben, opcionalmente, a la cruz de la peña la Gaviera al norte, antes de cerrar por la rasa. No existe una traza oficial homologada descargable de este mini-circuito, de modo que sus cifras de distancia y desnivel son aproximadas y el recorrido se sigue sobre el terreno por la señalización y los paneles. Para una jornada larga y una traza medida está el PR-AS 25 «Ruta del Cabo Peñas», que la FEMPA cataloga con dieciséis kilómetros y medio y unos trescientos cincuenta metros de desnivel positivo (dificultad Fácil) entre el faro de San Juan de Nieva y el cabo —un itinerario señalizado pero no homologado—. Todo el entorno está protegido como Paisaje Protegido del Cabo Peñas, declarado en 1995 (Decreto 80/1995) sobre cerca de mil novecientas hectáreas, de acceso libre durante todo el año.