Los bufones de Pría son chimeneas verticales abiertas en lo alto del acantilado que comunican con cuevas marinas excavadas a sus pies. Cuando la marea sube y entra mar de fondo, el agua y el aire comprimidos buscan salida y brotan al exterior en surtidores pulverizados que, según Turismo Asturias, pueden alcanzar varios metros de altura, acompañados de un bramido característico. El sendero PR-AS 57 recorre este prodigio sobre la rasa caliza de la Costa Oriental, entre Llanes y Ribadesella: un itinerario circular de 12,9 kilómetros casi llano —apenas se mueve entre los cinco y los cincuenta y cinco metros sobre el mar— que arranca en la aldea de Llames de Pría, baja a la playa fluvial de Guadamía, a medio kilómetro, y sigue la costa hasta el campo de bufones de Llames, a unos 400 metros de la playa, el llamado Bramadoriu. Es una ruta apta para casi todo el mundo por su escaso esfuerzo técnico, pero con una advertencia que no admite matices: discurre al borde del acantilado y los orificios caen directos al mar. Nunca hay que asomarse, y con aviso de AEMET por fenómenos costeros no se debe ir.
Un bufón se forma en dos tiempos, según un estudio de la Universidad de Oviedo publicado en Geogaceta en 2023. Primero, sobre la rasa emergida, el agua de lluvia disuelve la caliza y abre simas, galerías y dolinas. Después, el oleaje va erosionando el frente del acantilado hasta que esas cavidades verticales quedan conectadas con el mar. La caliza de esta costa es del Carbonífero, compacta, pero soluble. En calma no son más que agujeros en una pradera donde pastan las vacas; pero cuando la marea sube y el Cantábrico se embravece, el agua que entra por las cavidades comprime el aire y lo expulsa hacia arriba junto con agua pulverizada. El nombre popular del campo de Pría, el Bramadoriu, lo dice todo: cuando bufa de verdad, no solo se ve, se oye bramar.
El itinerario oficial dibuja un círculo de unos trece kilómetros que combina lo mejor de esta costa. Desde Llames de Pría se desciende, a unos 500 metros, a la playa de Guadamía, una cala fluvial en la desembocadura del río del mismo nombre, y se sigue la costa hacia el norte hasta el campo de bufones, a unos 400 metros de la playa. Más al este, el sendero recorre la rasa sobre el caserío de Villanueva y baja hasta la playa de Cuevas del Mar, antes de cerrar el bucle tierra adentro por la aldea de Garaña. Es un recorrido largo pero sin dificultad: el esfuerzo viene de la distancia (unas cuatro horas y media a ritmo tranquilo), no del desnivel, que apenas suma ciento veinte metros acumulados en todo el día.
Turismo Asturias explica que el mejor momento para ver los bufones es con marea alta y mar agitada, algo más frecuente en otoño e invierno. Pero esa es también la situación de más riesgo: el mar puede arrastrar rocas de considerable tamaño y el 112 Asturias pide, ante un aviso costero, alejarse de los lugares próximos a la línea de costa y no arriesgarse a hacer fotos o vídeos cerca de donde rompen las olas. Antes de salir, mira el aviso de AEMET por fenómenos costeros para Asturias: si hay aviso, deja la visita para otro día. Con la mar en calma los bufones apenas resoplan, así que conviene elegir un día de mar movida pero sin aviso, y mirar desde lejos del borde. Sobre la protección: el campo de Pría no está declarado Monumento Natural —sí lo están los bufones de Arenillas y de Santiuste, también en Llanes—. El Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (Decreto 38/1994, de 19 de mayo) previó un Paisaje Protegido de la Costa Oriental que empezaría en la playa de Cuevas del Mar, pero Turismo Asturias solo enumera hoy dos paisajes protegidos, Cabo Peñas y las Cuencas Mineras. El campo figura en el Inventario Español de Lugares de Interés Geológico (código CA037), según el estudio citado.