La fisiología del aire enrarecido
La composición del aire —aproximadamente 21 % de oxígeno— no cambia con la altitud. Lo que cambia es la presión atmosférica total, que desciende progresivamente conforme ascendemos. A menor presión total, la presión parcial del oxígeno —que es la que determina cuánto oxígeno entra efectivamente en los alvéolos pulmonares— también disminuye. En Madrid (650 metros), la presión parcial de oxígeno es de unos 154 hPa. En la cima del Mulhacén (3.479 metros) es de unos 128 hPa, una reducción del 17 %. En el Teide (3.715 metros) está en torno a 124 hPa.
El organismo responde a esa reducción de oxígeno disponible con una serie de mecanismos de compensación: acelera la frecuencia respiratoria, aumenta la frecuencia cardiaca y, con el tiempo, produce más glóbulos rojos. Pero estos mecanismos tardan días o semanas en optimizarse. Cuando el ascenso es demasiado rápido, el cuerpo no tiene tiempo de adaptarse y aparece el mal agudo de montaña.
Síntomas: de leve a grave
La escala de Lake Louise, estándar clínico internacional para el diagnóstico del MAM, clasifica los síntomas en tres niveles:
- MAM leve: cefalea pulsátil que no cede con ibuprofeno, más uno o más de los siguientes: náuseas o vómitos, mareo o sensación de inestabilidad, fatiga desproporcionada al esfuerzo, insomnio pese al cansancio. Aparece habitualmente en las primeras 6-12 horas tras llegar a la altitud.
- MAM moderado: los síntomas anteriores se intensifican. La cefalea no cede con analgésicos. Puede aparecer ataxia (pérdida de coordinación al caminar). En este nivel es obligatorio no ascender más y plantearse el descenso si no hay mejoría en 24 horas.
- Edema pulmonar de altura (EPA o EAP; HAPE en inglés): acumulación de líquido en los alvéolos. Síntomas: tos seca progresiva que pasa a húmeda y espumosa, sensación de ahogo incluso en reposo, color azulado en labios o yemas de los dedos. Es emergencia médica. Descenso inmediato obligatorio.
- Edema cerebral de altura (ECA; HACE en inglés): acumulación de líquido en el cerebro. Síntomas: confusión mental, cambios de personalidad, somnolencia intensa, ataxia severa (incapaz de caminar en línea recta). Emergencia médica con riesgo vital. Descenso inmediato aunque sea de noche.
Cómo se mide: la escala de Lake Louise
La escala de Lake Louise es el patrón internacional para valorar el mal agudo de montaña. Puntúa de 0 a 3 cuatro síntomas —cefalea, molestias digestivas, fatiga y mareo— y exige que la cefalea esté presente. Una suma de 3 puntos o más, con dolor de cabeza incluido, confirma el cuadro en un contexto de ascenso reciente a gran altitud. Es una herramienta pensada sobre todo para la investigación y el cribado, no para sustituir el criterio médico, pero resulta útil al senderista para ordenar lo que siente y decidir si conviene detenerse o descender. Recordar el umbral evita minimizar una cefalea de aviso.
Edema pulmonar y cerebral: cuándo dejar de subir y bajar ya
Las dos formas graves son emergencias con riesgo vital. El edema pulmonar de altura cursa con ahogo creciente, incluso en reposo, tos que se vuelve húmeda y espumosa y, a veces, esputo rosado; sin tratamiento su mortalidad es muy elevada. El edema cerebral de altura se manifiesta con confusión, cambios de conducta y pérdida marcada de coordinación al caminar. Ante cualquiera de estos signos la única respuesta correcta es descender de inmediato, aunque sea de noche, y activar el rescate. La Wilderness Medical Society recomienda bajar al menos 1.000 metros o hasta que los síntomas remitan, minimizando el esfuerzo durante el descenso.
El Teide: la cima española donde más casos ocurren
El Teide (3.715 metros) es la cumbre española donde más personas experimentan el mal de altura, por varias razones que lo hacen especialmente traicionero. El teleférico sube a 3.555 metros (estación de La Rambleta) en unos 8-10 minutos: ese ritmo de ascenso es físicamente imposible de gestionar para el organismo, que no ha tenido tiempo de aclimatarse desde el nivel del mar. Además, el perfil sociológico del visitante es diferente al del montañero alpino: muchos turistas llegan al Teide sin experiencia en altitud y sin conocer los síntomas del MAM.
El Servicio de Emergencias Canario (1-1-2) atiende cada año decenas de casos de mal de altura en el Teide, especialmente en visitantes que han subido en teleférico. La mayoría se resuelven con el descenso, pero algunos requieren evacuación médica. El Parque Nacional del Teide recomienda explícitamente en su web no subir a la cumbre si se tienen síntomas de cefalea o náuseas en la base del teleférico.
Cuándo y dónde afecta en España
Fuera del Teide, las cimas españolas que superan los 3.000 metros y donde el MAM puede aparecer en personas no aclimatadas son:
- Sierra Nevada (Granada) — Mulhacén (3.479 m) y Veleta (3.394 m). Los senderistas que ascienden desde el aparcamiento del Veleta (3.250 m, accesible por carretera de verano) ya parten de una altitud suficiente para desarrollar MAM.
- Pirineo (Aragón, Cataluña, Navarra) — el Aneto (3.404 m) y otras cimas pirenaicas. En rutas de un día desde el fondo de valle, el ascenso de 1.500-2.000 metros puede ser demasiado rápido para personas no entrenadas en altitud.
- Picos de Europa (Asturias, Cantabria, León) — las cimas no superan los 2.650 metros, por lo que el MAM es infrecuente pero no imposible en personas muy susceptibles.
Reglas de aclimatación y prevención
La Comisión Médica de la UIAA establece las siguientes directrices para reducir el riesgo de MAM en travesías de alta montaña:
- Ascenso gradual: por encima de 3.000 metros, no ganar más de 300-500 metros de altitud de pernocta por día. La fórmula que los guías alpinos repiten es «sube alto, duerme bajo»: se puede pasar el día en cota alta siempre que se duerma a menor altitud para aclimatarse progresivamente.
- Un día de descanso por cada 1.000 metros por encima de 3.000 m en rutas de varios días.
- Hidratación abundante: el organismo procesa mejor la hipoxia bien hidratado. La diuresis aumenta en altura; beber antes de sentir sed.
- Evitar el alcohol y los sedantes en los primeros días de aclimatación: deprimen el impulso respiratorio y agravan la hipoxia nocturna.
- Reconocer los síntomas propios: la cefalea pulsátil que aparece por encima de 2.500 metros y no cede con ibuprofeno es la señal más confiable de MAM incipiente. Ignorarla es el error más común.