Invierno y alta montaña · nivel técnico

Congelación (lesiones por frío).

La congelación de los tejidos (frostbite) y sus grados: prevención y manejo

La congelación (en inglés frostbite) es una lesión local provocada por la formación de cristales de hielo en los tejidos del cuerpo, típicamente en las zonas más expuestas y peor irrigadas: dedos de manos y pies, nariz, mejillas y orejas. A diferencia de la hipotermia, que es un enfriamiento de todo el organismo, la congelación es un daño localizado, aunque ambas pueden coexistir. El frío congela el agua del tejido y, al deshelar, se suma una lesión por reperfusión que puede progresar durante días. Su gravedad va desde la fase reversible (frostnip) hasta la necrosis profunda que afecta a músculo y hueso. Información divulgativa: ante una congelación seria, evacuación y 112.

Congelación frente a hipotermia

Es la primera distinción que hay que tener clara. La hipotermia es sistémica: baja la temperatura de todo el cuerpo. La congelación es local: el hielo daña un tejido concreto, casi siempre en las partes acras —dedos de pies y manos— y en la cara —nariz, mejillas, orejas—, que son las más frías y peor irrigadas. Pueden darse a la vez, y de hecho una víctima de hipotermia tiene más riesgo de congelarse porque el cuerpo sacrifica la circulación periférica para proteger el núcleo.

Del frostnip a los cuatro grados

El frostnip o pre-congelación es la fase superficial y reversible: piel entumecida y pálida (típica en mejillas y orejas), con cristales de hielo solo en la superficie pero sin daño en el tejido. Se resuelve al calentar y no deja secuelas; es la señal de alarma para abrigarse antes de que el daño sea real. La congelación propiamente dicha se gradúa así:

  • 1.er grado: superficial; entumecimiento, enrojecimiento y una placa blanquecina o amarillenta, sin ampollas.
  • 2.º grado: superficial; ampollas claras llenas de líquido transparente sobre piel enrojecida e hinchada.
  • 3.er grado: profunda; ampollas de contenido sanguinolento, peor pronóstico.
  • 4.º grado: profunda; la lesión alcanza músculo y hueso, con necrosis del tejido.

Regla práctica de campo: ampollas claras = lesión superficial y mejor pronóstico; ampollas oscuras o sanguinolentas = lesión profunda y grave.

Qué hacer y qué NO hacer

Qué SÍ:

  • Recalentar en agua a 37-39 °C (agradable al tacto, no caliente) hasta que la zona recupere color rojo o púrpura y se vuelva blanda y flexible, lo que suele llevar unos 30 minutos.
  • Hacerlo solo si se puede garantizar que no volverá a congelarse y la atención médica está a más de un par de horas; si no, es preferible mantener la zona helada y evacuar.
  • Tras deshelar, secar a toques suaves, separar los dedos con gasas, abrigar y evitar nuevos roces.
  • El ibuprofeno a dosis habitual ayuda a reducir el daño; hidratarse y no fumar (la nicotina cierra los vasos).

Qué NO:

  • No frotar la zona congelada, ni con nieve ni con las manos: el roce mecánico destroza el tejido cristalizado.
  • No usar calor seco directo (fuego, estufa, tubo de escape): el tejido está anestesiado y se quema sin que la persona lo note.
  • No descongelar si hay riesgo de recongelación: deshelar y volver a congelar es mucho más destructivo que mantener el tejido helado hasta llegar a un lugar seguro.
  • No romper ni drenar las ampollas, sobre todo las sanguinolentas.
  • Una vez deshelado un pie, no volver a caminar sobre él salvo que sea imprescindible para evacuar.

Prevención

Mantener manos, pies y cara secos y protegidos del viento; usar guantes y calcetines no apretados (la presión corta la circulación); llevar calentadores químicos; vigilar con frecuencia el entumecimiento de los dedos y reaccionar al primer aviso de frostnip; evitar el alcohol y el tabaco, que empeoran la perfusión. En alta montaña invernal y en cumbres ventosas, la congelación puede instaurarse en minutos sobre piel desprotegida.

Preguntas frecuentes

Lo que más se pregunta.

¿Qué diferencia hay entre la congelación y la hipotermia?

Son dos lesiones por frío distintas que conviene no confundir. La hipotermia es un descenso de la temperatura central de todo el cuerpo por debajo de los 35 °C, mientras que la congelación es un daño local: el agua de un tejido concreto cristaliza y forma hielo. Ese punto de congelación teórico del tejido ronda los -0,5 °C, aunque en la práctica la piel ha de enfriarse bastante más —por la subfusión y la propia circulación— para que lleguen a formarse cristales. Pueden aparecer juntas, y de hecho quien sufre hipotermia se congela con más facilidad, porque el organismo cierra la circulación de manos y pies para proteger el corazón y el cerebro.

¿Cómo se trata una congelación en los dedos durante una salida de montaña?

Cuando se puede garantizar que la zona no volverá a congelarse, la pauta de referencia de la Wilderness Medical Society (actualización de 2024) es sumergirla en agua templada a 37-39 °C hasta que recupere color y se vuelva blanda y flexible, lo que suele tardar unos 30 minutos. Ese recalentamiento en el campo solo tiene sentido si la atención médica está a más de dos horas; si está cerca, es preferible evacuar sin deshelar para no arriesgar una recongelación.

Como apoyo, esas mismas guías recomiendan ibuprofeno (del orden de 12 mg/kg al día repartidos en dos tomas) para mejorar la perfusión, gel de aloe vera sobre las lesiones en cada cura, hidratación y no fumar. Nada de esto sustituye la valoración de un profesional: ante una congelación profunda, la prioridad es llamar al 112 y evacuar.

¿Por qué no hay que frotar la congelación con nieve?

Es uno de los mitos más peligrosos. El tejido congelado está lleno de microcristales de hielo, y frotarlo —con nieve, con las manos o con un paño— funciona como una lima que rompe las células y agrava la lesión. Tampoco sirve el extremo contrario: acercar la zona a un fuego, una estufa o el tubo de escape, porque la piel congelada está anestesiada y se quema sin que la persona note nada.

La regla es recalentar siempre con calor húmedo y suave (agua a 37-39 °C) y nunca con calor seco directo, y no volver a caminar sobre un pie ya deshelado salvo que sea imprescindible para completar la evacuación.

¿Cuánto tarda en congelarse la piel expuesta con el viento?

Depende sobre todo de la sensación térmica por viento (wind chill), no solo de lo que marque el termómetro. Según la tabla de sensación térmica por frío de la AEMET, a partir de unos -28 °C de sensación térmica la piel expuesta puede congelarse en 10 a 30 minutos; por debajo de -40 °C el plazo baja a unos 10 minutos, y con -55 °C o menos a menos de 2 minutos. Por eso en crestas y cumbres ventosas la nariz, las mejillas y las orejas son las primeras en avisar.

Conviene cruzar este dato con la previsión del viento y de la isoterma cero antes de salir: una jornada despejada pero con rachas fuertes puede ser más peligrosa para los dedos que otra más fría pero en calma.

¿Cuándo es grave una congelación y hay que evacuar?

La pista más útil sobre el terreno es el color de las ampollas. Las ampollas claras, con líquido transparente, apuntan a una lesión superficial y de mejor pronóstico; las ampollas oscuras o sanguinolentas, en cambio, indican una congelación profunda (tercer y cuarto grado), que puede alcanzar el músculo y el hueso. Esas ampollas de contenido sanguíneo no deben pincharse ni vaciarse en el campo.

Cualquier congelación que no sea un simple frostnip reversible —esa placa blanca, dura e insensible que recupera al calentar— es motivo para llamar al 112 y organizar la evacuación, porque el daño real puede tardar días en delimitarse y necesita valoración hospitalaria.

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