Qué es la calima exactamente
Cuando hablamos de calima nos referimos a un fenómeno meteorológico natural y recurrente en la geografía española: la llegada de polvo mineral en suspensión procedente del desierto del Sáhara y el Sahel. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) explica que estas intrusiones se repiten con frecuencia en nuestro entorno y que las partículas se transportan de forma habitual a distancias de miles de kilómetros antes de depositarse sobre la tierra y el océano. No es niebla ni contaminación industrial: es arena y arcilla finísima arrancada del norte de África que el viento mantiene flotando a varios kilómetros de altura.
Su efecto más visible es la pérdida de transparencia de la atmósfera. El cielo deja de ser azul y adquiere un tono blanquecino, ocre o anaranjado, el sol se ve apagado y los horizontes se desdibujan. En las situaciones más intensas, las que en su origen sahariano AEMET describe como tormentas de polvo capaces de reducir la visibilidad casi a cero, el ambiente queda velado por completo y la deposición de polvo deja una capa de barro sobre coches, tejados y mochilas.
Por qué llega a la montaña española
La calima se produce por advección, es decir, por el transporte horizontal de masas de aire. Para que el polvo africano alcance la Península, Baleares o Canarias hace falta una configuración atmosférica concreta que empuje el aire desde el sur. Lo habitual es una de estas dos situaciones:
- Una dorsal o anticiclón sobre el norte de África que, combinado con una borrasca atlántica al oeste, genera un flujo de aire del sur o sureste que arrastra el polvo hacia España.
- Una baja aislada o una vaguada situada al suroeste peninsular, que canaliza directamente el aire sahariano hacia la mitad sur y el Mediterráneo.
En Canarias el episodio recibe popularmente el nombre de calima cuando sopla el viento del este o sureste, mientras que en la Península se habla indistintamente de calima, polvo sahariano o intrusión de polvo mineral. Conviene no confundirla con la niebla orográfica o con el polvo levantado localmente: la firma de la calima es siempre una masa de aire de origen africano cargada de aerosoles minerales.
Cómo se mide y se predice
La calima se vigila combinando modelos de predicción de polvo y redes de medición de calidad del aire. AEMET es copatrocinadora, junto al Barcelona Supercomputing Center, del Barcelona Dust Regional Center (BDRC), un centro de referencia de la Organización Meteorológica Mundial que opera el modelo MONARCH para predecir el contenido de polvo en la atmósfera sobre el norte de África, Oriente Próximo y Europa. A escala continental, el servicio europeo Copernicus Atmosphere Monitoring Service (CAMS) sigue cada año el transporte de polvo sahariano usando parámetros como el espesor óptico de aerosoles (AOD) y la concentración de PM10, y emite alertas de aerosoles con varios días de antelación para Europa.
Para el senderista, la herramienta de cabecera es el Índice de Calidad del Aire (ICA) del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Clasifica el aire de cada estación en seis categorías —buena, razonablemente buena, regular, desfavorable, muy desfavorable y extremadamente desfavorable— a partir de cinco contaminantes: las partículas PM10 y PM2.5, el ozono troposférico, el dióxido de nitrógeno y el dióxido de azufre. Durante un episodio de calima, el contaminante que dispara el índice son casi siempre las partículas en suspensión.
El episodio récord de marzo de 2022
El caso más extremo documentado en la Península es el de los días 15 y 16 de marzo de 2022, cuando una masa de polvo procedente de Argelia cruzó España y tiñó de naranja cielos de medio país. Un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) confirmó que se trató del episodio peninsular más intenso desde que existen registros con la metodología normalizada por la Unión Europea, hacia 2005. Las concentraciones medias de PM10 en 24 horas, normalmente inferiores a 100 µg/m³ en una calima ordinaria, alcanzaron valores propios del desierto:
- Entre 1.500 y 3.100 µg/m³ en Almería.
- Entre 800 y 950 µg/m³ en Salamanca, Ávila y Valladolid.
- Entre 440 y 480 µg/m³ en zonas de Orense y el norte de Portugal.
Para poner esas cifras en contexto, las directrices de la Organización Mundial de la Salud de 2021 recomiendan no superar una media de 45 µg/m³ de PM10 en 24 horas. El CSIC encuadró este evento, junto a la supercalima de Canarias de febrero de 2020, entre los más intensos jamás medidos en España.
Efectos en la montaña: visibilidad, fotografía y nieve
En la práctica, la calima cambia por completo la experiencia de una jornada de montaña. La visibilidad cae y las panorámicas de cumbre se pierden tras un velo lechoso: las cordilleras lejanas desaparecen y la orientación visual a media distancia se complica. Para la fotografía, la luz se vuelve plana y cálida, con un contraste muy reducido y dominantes ocre difíciles de corregir. Conviene tenerlo en cuenta si planificas una ruta buscando vistas amplias, porque una previsión de calima densa puede arruinar precisamente el motivo de la salida.
Hay además un efecto menos evidente pero relevante en invierno. Cuando el polvo se deposita sobre la nieve, la oscurece y reduce su albedo, es decir, su capacidad de reflejar la radiación solar. La nieve sucia absorbe más calor y se funde antes. El proyecto AERONIVAL, impulsado por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) en Pirineos y Sierra Nevada, estudia este proceso: un episodio intenso de abril de 2018 acortó la duración de la cubierta nival en torno a seis días de media, y entre doce y quince días en el Pirineo aragonés. Para quien practica esquí de travesía o raquetas, esa fusión acelerada adelanta el deterioro de la nieve primaveral.
Salud y precauciones para el senderista
La calima no es inocua. Las partículas finas penetran en las vías respiratorias y, durante los episodios intensos, las autoridades sanitarias recomiendan a la población sensible que limite la exposición. Sin caer en el alarmismo, conviene seguir unas pautas razonables antes de salir a la montaña:
- Consulta el índice de calidad del aire de tu zona y la predicción de polvo de AEMET la víspera. Si el aire figura como desfavorable o peor, replantéate los esfuerzos exigentes.
- Las personas con asma, EPOC, alergias respiratorias o problemas cardiovasculares, así como niños y mayores, son las más vulnerables; reduce la intensidad del ejercicio, que es cuando más aire se inhala.
- En episodios densos, una mascarilla de tipo FFP2 filtra buena parte de las partículas más finas durante la aproximación.
- Hidrátate bien: el ambiente seco y polvoriento reseca las mucosas y la garganta.
- Cuenta con que tras la calima suele llegar la lluvia de barro, que deja el terreno y las rocas resbaladizos al precipitar el polvo arrastrado por el agua.
La calima es un fenómeno natural y previsible: con la información oficial de AEMET, el ICA del Ministerio y los avisos de Copernicus es fácil anticiparla y decidir si merece la pena salir, ajustar la ruta o, sencillamente, esperar a que el aire se aclare.